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¿Un monumento pagano en medio de la plaza cristiana más importante del mundo?

November 7, 2011

En medio de la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano se alza un obelisco de más de 25 metros de altura y más de 300 toneladas de peso. Desde que lo vi por primera vez me pregunté ¿por qué un monumento en principio “pagano” aquí? Y es que aunque siempre me había llamado la atención que por Roma hubieran varios obeliscos, sin duda el más contradictorio me parecía el que está emplazado en la plaza que lleva a la Basílica de San Pedro, para muchos, la más importante del cristianismo.

El monumento es egipcio, por supuesto. De hecho, fue enviado construir por el Faraón Mencares en el 1835 a.J.C. en honor del sol. Pagano, pagano. Tiempo más tarde, en el año 37 d.J.C., fue traído desde Egipto por el Emperador Calígula. En un principio, iba a estar situado en el nuevo Circo de Calígula, que luego fue llamado Circus Gai et Neronis ya que fue finalizado por Nerón -de hecho, fue dedicado a Augusto y Tiberio, los dos emperadores que precedieron a Calígula-.

Curiosamente, ese circo se situó junto al lugar donde el propio San Pedro fue asesinado al comenzar la persecución de los cristianos por parte de Nerón en el año 64 d.J.C. De alguna forma, era un testigo fiel del martirio de San Pedro y de todos los cristianos. Y no fue hasta bastante más tarde, en 1586, que el Papa Sixto V mandó mover su ubicación a la actual. ¿Quieres saber dónde estaba anteriormente? Búscalo cerca de la sacristía, en la parte superior de la Basílica de San Pedro. En el suelo verás un cuadrado que dice Sito dell Obelisco Vaticano fino all’ Anno MDLXXXVI.

La operación del traslado fue dificilísima para la época. Fue dirigida por Domenico Fontana y su hermano Giovanni y llevó nada más y nada menos que cuatro meses el conseguirlo. Así, el 10 de septiembre de 1586 se colocó donde hoy lo puedes ver.

Al respecto corre una leyenda divertida, que a menudo ha sido desmentida. Por lo menos, una monja del Vaticano me aseguró que es totalmente inventada. Os cuento: dicen que por órdenes del Papa nadie podía hablar ni hacer ruido para que no perdieran concentración en el traslado del obelisco, bajo pena de excomulgación. Pero un marinero hizo caso omiso al gritar que las cuerdas necesitaban agua para evitar quedar quemadas por el roce con la piedra. Como esta acción salvó el obelisco, el Papa no solo le perdonó sino que mandó que las palmas del Domingo de Ramos fueran traídas de la población natal del marinero.

Una vez en su lugar, se eliminó la esfera de bronce de su punta -donde erróneamente se creía que estaban las cenizas de Julio César- y se colocó un emblema del Papa Sixto V que contiene una reliquia de la cruz. En la base, cuatro leones y otros detalles en bronce y un pedestal. El conjunto, sobrio, elegante y mucho más que simbólico. ¿No crees?