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La Bocca della Verità

August 13, 2011

Roma es una ciudad fascinante para nuestros sentidos. Lo cierto es que al girar cualquier esquina puedes toparte con monumentos de dos mil años de historia, anécdotas impresionantes y detalles dignos de mención.

Uno de esos detalles que no pueden pasarte desapercibidos es la famosa Bocca della Verità o Boca de la Verdad, que aunque antiguamente estaba en la Piazza Bocca della Verità, en 1632 fue trasladada a Santa Maria in Cosmedin, una basílica con una gran y comprometida historia levantada en el siglo VIII sobre los restos del Templum Herculis Pompeiani, que databan del siglo II a.C.

Santa Maria in Cosmedin, Roma
Santa Maria in Cosmedin, Roma

Aunque se cree que antiguamente la Bocca della Verità fue utilizada como surtidor de agua o bien como tapa de una cloaca, este grandioso disco de mármol pavonazzetto de 1,75 m de diámetro es mundialmente conocido por la leyenda que le da nombre: todos aquellos que eran tachados de mentirosos debían introducir su mano en la boca de esta figura para probar su verdad y, si mentían, quedarían mancos, porque la boca (o quien hubiera detrás de ella) les cortaría la mano con un aplastante mordisco.

Se dice que el nacimiento de esta leyenda surgió a raíz de la infidelidad de una mujer de un patricio romano. Fue su marido quien le obligó a meter la mano en la Bocca della Verità ante una gran multitud de testigos y otros muchos curiosos. En ese instante su supuesto amante se lanzó a sus brazos y la besó, en cambio, ella fingió no conocerlo. Este hecho fue aprovechado inteligentemente por esta mujer, ya que entonces aseguró que solo había besado a dos hombres: a su marido y a este loco que acababa de conocer.

Aún así hay otras muchas leyendas alrededor de esta escultura tan enigmática, que en realidad se popularizó tremendamente a raíz de la película de 1953 Vacaciones en Roma, cuando Gregory Peck le gasta una broma a Audrey Hepburn al sacar el brazo y esconder la mano bajo la manga de su chaqueta. ¿No habéis visto la película? Seguro que sí.

Hoy día, millones de turistas se fotografían allí con la mano metida en su boca. ¿Tú lo has hecho? Sin duda, es otra buena excusa para ir a Roma o, si ya has estado, para volver.