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El Barrio Rojo de Ámsterdam

October 31, 2012

En pleno centro histórico, rodeando a la Antigua Iglesia de la capital (Oude Kerk), se encuentra el Barrio Rojo, uno de los lugares más famosos y más visitados de Ámsterdam, y no precisamente por su interés arquitectónico, no 😉

Y es que si hay monumentos en estas enmarañadas callejuelas son precisamente los cuerpos de las prostitutas que se exhiben día y noche en escaparates, llamando a los visitantes, sonriendo o, en caso de aburrimiento, hasta navegando con sus smartphones o haciéndose las uñas. Sí, sí, como si nada.


Ver Barrio Rojo, Ámsterdam en un mapa más grande

La imagen que ofrece el Barrio Rojo es tan impactante que, especialmente por las noches, se llena de turistas atraídos por la curiosidad o por el morbo. En ocasiones, el panorama parece incluso un espectáculo de feria. Y es que estas calles se llenan de un montón de personas que señalan a un escaparate y a otro, entre risas nerviosas y caras de asombro, y otros tantos grupos de adolescentes, en viaje de final de curso, que bajan la mirada, tímidos, cuando las prostitutas les dedican una sonrisa picarona. Y eso que es solo una sonrisa.

Lo cierto es que hay que verlo. Desde luego, ir a Ámsterdam y no pasear por aquí es impensable.

Pero no todo son anécdotas inocentes y graciosas en este barrio. Como imaginarás, como sucede en todos los lugares en que confluye gran cantidad de turismo, los carteristas trabajan duro a diario. Es decir: ojo, mucho ojo. Que las curvas de las chicas no te encanten como si fueran sirenas.

Otro tema a comentar es las fotografías y los vídeos. A las chicas no les gusta que les hagan fotos. Es lógico, sí, Así que trata de respetarlo y, en todo caso, pregunta antes de hacer una foto. Lo más normal es que te digan que no, pero nunca se sabe.

Fotos a carteles, sí. A las chicas, no.

Pero la oferta relacionada con el sexo no se limita solamente a la prostitución, sino que el Barrio Rojo está lleno de locales que ofrecen espectáculos eróticos, y de sex shops repletos de objetos con usos inimaginables.

Afortunadamente, Ámsterdam adopta una actitud abierta, tolerante y sincera respecto a estos temas.  Y es que con la llegada masiva de marineros y comerciantes que desembarcaban en la ciudad durante el siglo XV, Ámsterdam intentó alejar a las prostitutas del centro. Más tarde, con la Reforma, se intentó prohibirla por todos los medios. Sin embargo, fue Napoleón quien abordó el tema desde una perspectiva distinta por primera vez y cuando sus tropas ocuparon Holanda, se intentó regular la prostitución y asegurar los controles médicos a las que se dedicaban a ello. Sí, has leído bien: Napoleón.

La evolución fue casi involución, porque en el siglo XIX circulaba una teoría de lo más curiosa. Resultaba entonces que la abstinencia sexual, solamente en el caso del hombre, era perjudicial para la salud. Para ello, era necesario que las mujeres, solamente las de clase baja, se dedicaran a prostituirse como función social. ¿Quién fue el listo que se inventó esta teoría?

Lástima que con las prostitutas llegaron los proxenetas y las madams que las explotaban y vivían a costa de ellas. Por eso, para evitarlo se dictó una ley que prohibía instalar burdeles y vivir a costa de la prostitución de un tercero en 1911. De hecho, al contrario de lo que se cree, no fue hasta octubre del año 2000 cuando se legalizó totalmente la prostitución, contando con un total respaldo popular. Antes, durante los 60, 70 y 80, la prostitución era aceptada por fuerzas del orden y gobernantes, pero se mantenía todavía la prohibición sobre la instalación de burdeles, hecho que dificultaba sobremanera la regulación y los controles.

Hoy las prostitutas están registradas como cualquier trabajador, pagan sus impuestos y están asistidas por la Seguridad Social. Genial, vamos. Como en todas partes, sin embargo, todavía no se puede hablar de una total aceptación por parte de la sociedad porque para gustos, los colores.

¿Y lo de Barrio Rojo? ¿Distrito Rojo? ¿Por qué? Si paseas de día no lo apreciarás, pero si lo haces de noche (esa es mi recomendación) pronto averiguarás la razón. Las pequeñas fachadas, las puertas y las ventanas se bañan de una luz roja que acaba por impregnarlo todo: los reflejos sobre las aguas de los canales, en las caras de los turistas y en los cristales de cualquier comercio, entre otras cosas. Es decir, la luz roja de neón te avisa: aquí hay una prostituta 🙂