Roma

Techos planos que te harán ascender al mismísimo Cielo

Si ya de por sí la plaza de San Ignacio de Loyola te deja sin aliento haciéndote creer que eres parte de una obra de teatro dirigida a todo aquél que se asome por los balcones que dan a la plaza, adentrarte dentro de la iglesia que le da el nombre no te va a dejar en absoluto indiferente.

La peculiaridad de la Iglesia de San Ignacio de Loyola es, dentro de lo que en un principio pudo considerarse como “obra inacabada”, que Andrea Pozzo lograra dotar a la iglesia de cúpula cuando claramente ésta, arquitectónicamente, es inexistente.

Comprobarás que, al asomarte a la nave central, la perspectiva juega mucho a favor de la realidad que se esconde detrás de este increíble juego óptico (¡otro trampantojo!). Fue tal el aclamo y el buen recibimiento que el arquitecto acabó por extender la técnica de la quadratura hacia la bóveda de la iglesia. Fue el mismo Pozzo quién se encargó de pintar al óleo tanto la nave como la cúpula, dejándonos para la posteridad uno de los techos que, en Roma, compiten directamente con la famosa Capilla Sixtina de Miguel Ángel.

A día de hoy, La Apoteosis de San Ignacio de Loyola hace que cientos de visitantes se queden mirando el techo de la iglesia con el estupor de aquél que sigue sin acabar de dar crédito a que los trucos de magia tengan realmente truco. ¿Tú dirías que lo que estás viendo al alzar la mirada es un techo plano o te lo pensarías un par de veces antes de afirmarlo?

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