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Bailando con un pie en el pasado

Hay un lugar en Berlín que se ha conservado tal cual estaba en el periodo de entreguerras. Hay un lugar en Berlín por el que los años no han pasado. Un lugar que se ha quedado anclado en el siglo XX en un barrio salpicado por nuevas galerías de arte, acogedoras cafeterías de estilo nórdico y modernas tiendas de ropa. ¿Quieres descubrir este lugar, muy querido entre los más nostálgicos?

No me cansaré de repetir que Berlín es una ciudad que convive a la perfección con su pasado. Al mismo tiempo que se van instalando nuevos negocios y edificios en sus calles, es capaz de respetar su historia y guardar como pieza de museo sus locales más antiguos. Berlín es esa ciudad en la que el pasado se da de la mano con el presente. Y es así como en un barrio que marca tendencia como Mitte encontrarás una joya del pasado, el salón de baile Clärchen, fundado en 1913 por Fritz Bühler y su mujer Clara. De ahí el nombre del salón: de la forma cariñosa con la que llamaba Fritz a su esposa. Y es que el sufijo “-chen” en alemán es el que se utiliza para formar diminutivos, con lo cual, si lo tradujéramos al español, la sala de baile se llamaría “Clarita”.

¿Te puedes imaginar ya bailando al ritmo del jazz y el swing de los años 20? Dicen que esta sala de baile fue una de las más concurridas justo antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, cuando Fritz, un hostelero berlinés, decidió abrir su negocio en este edificio decimonónico. Una vez transcurrido el conflicto bélico, el Clärchens Ballhaus sirvió de refugio nocturno de la sociedad berlinesa, que buscaba entre sus grandes salones un poco de diversión. De esto ya hace mucho tiempo. 104 años ni más ni menos. Y, aun así, hoy en día sigue disfrutando del favor y el fervor de ciudadanos de todas las edades gracias al intenso programa de actividades que ocupan todos los días del mes. Gracias al baile y al magnetismo de un edificio decadente, de paredes medio desconchadas y un mobiliario interior viejo, pero que confiere todo el encanto al lugar.

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Actualmente, el Clärchens Ballhaus cuenta con dos grandes salones de baile: el Ballsaal (salón de baile) y el Spiegelsaal (salón de los espejos). En el primero, situado en la planta baja, se suelen celebrar los bailes populares y abiertos a todos los públicos, mientras que el salón de los espejos queda reservado para celebraciones privadas y banquetes de bodas, bautizos y comuniones. Desde luego, encanto no le falta a esta sala, que se ha mantenido intacta desde que se abriera el Clärchen. De hecho, se cuenta que hubo un tiempo que sirvió de despensa y cuando se quiso reutilizar como comedor de gala hubo que desalojar a unas inquilinas que campaban a sus anchas. Pues sí, el maravilloso salón de los espejos estaba cubierto de polvo y telarañas. Pero no te asustes, porque ahora luce espectacular, y además con el mobiliario original. Y los días de diario funciona como restaurante hasta las 15h, para goce y disfrute del ciudadano de a pie.

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Spiegelsaal

Si te apetece meterte de lleno en la noche berlinesa más vintage o eres de los que cree en la versatilidad y multiculturalidad de Berlín, este es tu sitio. Una vez entres en el Clärchens Ballhaus te darás cuenta que la noche berlinesa está hecha de mucho más que de música electrónica. ¿Qué te parece, por ejemplo, empezar la noche con un taller de salsa? Que eres más de swing… no pasa nada, seguro que hay un día de la semana que se dedica al swing. Porque la particularidad del Clärchen radica precisamente en la variedad. Cada día de la semana se dan talleres (en su mayoría gratuitos) de todo tipo de bailes: desde la salsa al tango argentino, pasando por otros estilos como el swing, el vals o el cha-cha-cha. Y al terminar las clases se abre la pista de baile para todo aquél que quiera practicar y echar unos bailecitos. La hora de cierre la pones tú. En el Clärchen no cierran hasta que se va el último bailón. Para que después nadie se queje de que le han dejado a medias, de que la fiesta se ha acabado cuando mejor estaba, … y todo este tipo de reproches que se repiten noche sí, noche también.

Y si aún hiciese falta otra razón para visitar este local: aparece en la película Malditos Bastardos de Tarantino. Y aún hay otra razón más. En verano disponen de un fantástico biergarten al aire libre, en una especie de patio interior que rodea el edificio. Y conciertos de música clásica los domingos en la sala de los espejos. Casi se me olvida… si te ha convencido el plan y tienes ganas de mover el esqueleto o quieres descubrir esta magnífica sala de baile atascada en el tiempo, solo tienes que ir al número 24 de Auguststrasse.

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