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Y el cielo se llenó de farolillos…

Cada 11 de noviembre, la luz de los farolillos ilumina las calles y el cielo de las ciudades alemanas. Hoy es 11 de noviembre, es decir, San Martín, una fiesta popular con gran tradición en los países de habla alemana. La fiesta de San Martín, como tantas otras, está envuelta de una bonita leyenda. Y es que, según cuentan, San Martín fue un soldado romano que cabalgaba por los bosques una fría noche de invierno cuando se tropezó con un pobre mendigo que andaba descalzo y sin abrigo pidiendo limosna. El bueno de San Martín, que no tenía ni una moneda para darle, no lo dudó y se quitó su capa roja, la partió en dos con su espada y le dio una mitad a este mendigo para que se resguardara del frío. Dicen que al día siguiente se le apareció Dios y desde entonces decidió consagrarse a la vida religiosa. Lo cierto es que esta gesta tan noble y generosa, con el paso de los años, le valió la beatificación.

Hoy en día, la fiesta de San Martín es una fecha muy esperada por los más pequeños de la casa en las poblaciones alemanas. En la guardería (Kindergarten) y la escuela primaria se confeccionan unos farolillos con cartulina o papel maché (de distintas formas geométricas y figuras), a los que les ponen una lucecita (tradicionalmente ponían una vela) y un gancho de alambre para poderlos enganchar a un mango largo de plástico, como si fuese un hatillo. También se aprenden canciones populares en honor al santo.

Laterne, Laterne,

Sonne, Mond und Sterne,

brenne auf mein Licht,

brenne auf mein Licht,

nur meine liebe Laterne nicht…

 

Farolillos, farolillos,

sol, luna y estrellas,

prended fuego a mi luz,

prended fuego a mi luz,

pero no a mi querido farolillo…

Y toda esta preparación con un solo objetivo: el desfile por las calles y parques de su ciudad la tarde del 11 de noviembre, día en el que se conmemora el día de San Martín. Este desfile (Laternenumzug, en alemán) suele celebrarse sobre las 5 o 6 de la tarde, noche cerrada a estas alturas del año, y suele durar unos 30-40 minutos durante los cuales los niños, acompañados de sus padres y maestras, dan un paseo por las calles de la ciudad alumbrando el camino con sus farolillos y cantando con voz angelical las cancioncitas dedicadas a San Martín. La imagen de los niños con sus farolillos es realmente entrañable. Todavía me acuerdo de cuando me los encontré en las calles de mi barrio cuando vivía en Hamburgo. Me pilló por sorpresa porque nada sabía de esta tradición, pero es una fiesta realmente bonita. El desfile suele terminar en un parque o una plaza, donde los niños se sientan en círculo y ahí les espera el personaje de San Martín, que suele contarles su hazaña y después de que los niños le canten todo su repertorio, les reparte golosinas, galletas y otros dulces. En algunos pueblos se suele hacer también una hoguera. A su término, si los vecinos son generosos, según manda la tradición, esperarán a los niños con cestos llenos de bollitos, pan y otros dulces y se los repartirán, en conmemoración de la generosidad de San Martín, en una especie de trick or treat a la alemana.

farolillos-Tierpark-berlín-san-martín

Farolillos colgados en un árbol del Tierpark de Berlín

Además, como no puede faltar en una fiesta, la comida juega un papel fundamental. En este día es tradicional que se cene ganso y que en casa se preparen los Weckmann, una especie de galletitas con forma humana parecidas a los famosos gingerman de la cultura anglosajona. La particularidad de estos hombrecitos de galleta es la pipa de plástico que llevan en la boca. Si no llevan pipa, no son Weckmann auténticos. 😉 Y repito, la pipa siempre es de plástico (o en el peor de los casos, de metal), así que ándate con ojo cuando le pegues un bocado al Weckmann, no te vayas a quedar sin dientes.

Zwei kleine Stutenkerle

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