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¡A nadie le amarga un dulce! Y menos si es un stroopwafel

¡Hola viajero!

Hoy apetecía un dulce, ¿y qué mejor manera que tirar del riquísimo y famoso stroopwafel holandés? Seguro que, de haber pisado los Países Bajos, te habrás encontrado con un montón de puestecitos dónde venden estos redondos y acaramelados postres (tentempié, snack… ¡cómo prefieras llamarlo!) que son ideales para acompañar un té o un café.

Sus orígenes son de lo más humildes, se dice que todo remonta a la idea de un panadero de Gouda (sí, la conocida ciudad del queso) de ofrecer al pueblo un dulce asequible para todo el mundo, juntando los sobrantes de sus otras pastas para hacer una galleta que acabó rellenando con sirope de caramelo. Actualmente, los stroopwafels son un indispensable para todo aquél que pisa alguna ciudad holandesa, e incluso el souvenir oficial para muchos que prefieren pasar del típico par de zuecos holandés como recuerdo.

En el mercado los podemos encontrar de distintos tamaños, e incluso rellenos de otros siropes, trocitos de frutos secos ¡e incluso recubiertos de chocolate! Pero como recomendación, yo te diría que te pasearas por alguna callejuela de la ciudad holandesa en la que te encuentres y buscaras algún lugar dónde los hicieran completamente caseros. No decepcionan en absoluto, y ya será el cariño o lo artesanal del momento, pero saben infinitamente mejor que los que pueden vender en cualquier supermercado.

Cómo extra, y más si deseas tomarte los stroopwafels con cierto aire de nativo, si acompañas este postre con una taza de café o té, no te olvides de poner tu galleta encima, ¡ya verás cómo con el calor se reblandece un poco y está también exquisita!

¡Qué aproveche! 😀

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