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Viajo, luego soy feliz

Que en PLAYandTOUR nos picó el bichito viajero hace tiempo no es ningún secreto. Pero a fuerza de irnos encontrando con otros players que también “disfrutan” de viajeritis empedernidus (decir que “sufrimos de” o “padecemos” viajeritis no sería justo, ya que nosotros lo pasamos en grande descubriendo mundo), nos hace pensar si existe en algunas personas cierta proclividad a contagiarse de viajeritis. A ver si me explico. Hay personas que son más propensas a resfriarse, las hay que suelen atraer a los mosquitos como un panal de miel a las abejas… y también las hay que son el blanco del bichito viajero (lo cual, debo decirte, es una gran suerte).

Aquellas personas que con frecuencia tienen viajeritis suelen ser culos inquietos, están sedientos de nuevas experiencias y no hay nada que les haga más felices que hacer la maleta o la mochila y descubrir mundo. Creo que esta breve descripción encaja bastante con los síntomas de todos los que nos hemos dejado picar por el bichito viajero. Somos viajeros cuando dejamos volar nuestra mente a países lejanos, aunque estemos sentados enfrente del ordenador en la oficina. Somos viajeros cuando nos maravillamos con cada plato que probamos de una nacionalidad distinta a la nuestra. Y, sobre todo, somos viajeros cuando planificamos ese viaje tan ansiado que nos llevará a descubrir otra cultura, otra civilización, otros paisajes.

Según un estudio científico del Departamento de Psicología de la Universidad de la Columbia Británica, “el dinero invertido en experiencias causa mayor felicidad que el dinero gastado en bienes materiales”, algo perfectamente aplicable en cuestión de viajes. Pero, ¿por qué? A mí me gustaría desentrañar qué es lo que nos hace tan felices al viajar. Hay quien dice que existe un gen viajero que hace que sientas unas ganas irrefrenables de descubrir mundo. Pero lo cierto es que no hay estudio científico que lo corrobore. Y yo soy más de la opinión de que el gusto por viajar se va cultivando con el tiempo, a base de viajar y disfrutar con ello, y, claro está, que un entorno familiar viajero que te inculque desde pequeño este amor por los viajes siempre ayuda.

Y reflexionando sobre la cuestión me doy cuenta de que quizás haya encontrado la respuesta. Viajar es un antídoto perfecto contra el aburrimiento, la rutina y esa curiosidad infinita que sentimos hacia lo desconocido. En español no tenemos una palabra que defina tan bien ese sentimiento como wanderlust en inglés. Pero a mí me da que en el wanderlust he encontrado la fórmula de la felicidad: de mi felicidad. Y quizás la de tantos que, como yo, también tienen viajeritis empedernidus. ¿Sabes por qué somos felices cuando viajamos? Porque…

1. Almacenamos buenos recuerdos

Como decía este estudio que he mencionado un poco más arriba, la felicidad no siempre viene dada por el dinero invertido en cosas materiales. Sino que invertir nuestro dinero en experiencias nos hace personas mucho más felices. La idea de conocer lugares nuevos, intercambiar algunas palabras con los lugareños, aprender nuevas costumbres, incluso el reto de intentar comunicarnos en el mismo idioma del lugar al que vamos son experiencias nuevas. Al viajar nos enfrentamos a retos, experimentamos nuevas emociones y vivimos aventuras. Y está demostrado que embarcarse hacia lo desconocido nos estimula. Normalmente vivimos un cúmulo de experiencias positivas que nos recargan las pilas hasta el próximo viaje y es justamente a través de los recuerdos que rescatamos los mejores momentos de cada uno de nuestros viajes.

2. Rompemos con la rutina

Olvidarnos del despertador, de los correos que tenemos que revisar al llegar al trabajo, de ir a buscar a los niños al cole, de hacer la compra, preparar la cena, ¡ah, y que no se nos olvide el bocadillo para la hora del recreo! En definitiva, podernos olvidar de nuestros quehaceres diarios y rendirnos al placer de conocer lugares nuevos, vivir nuevas experiencias y dejarnos cuidar un poco es uno de los mayores beneficios de las ansiadas vacaciones, a menudo relacionadas con un viaje. Viajar nos permite desconectar de nuestras rutinas, dejar el tedio del día a día atrás, dedicarnos tiempo a nosotros mismos, hacer lo que nos gusta y despedirnos del aburrimiento y del estrés. Todos necesitamos un paréntesis de nuestra rutina. O como se decía en ese popular anuncio de chocolatinas, un kit-kat.

3. Aprendemos

Cuando volvemos de un viaje, lo hacemos con la mochila llena de buenos recuerdos y algún que otro souvenir. Pero la verdad es que nos traemos a casa mucho más que souvenirs. Traemos con nosotros nuevas amistades, clases magistrales de historia, un sinfín de nuevos sabores, olores que nos recordarán ese o aquél mercado, nuevos ingredientes que harán nuestros guisos más sabrosos y, como no, también un gran aprendizaje sobre nosotros mismos. Superamos miedos y fobias. Somos conscientes del valor que tienen muchas cosas que damos por sentadas en la comodidad de nuestro día a día. Volvemos con capacidad de sorprendernos. De ampliar nuestras miras. E incluso aprendemos algunas palabras o frases en un idioma nuevo.

Y termino con una última reflexión. Son muchos los que se empecinan en hacer distinciones entre los términos “turista” y “viajero”. A mi entender, la única diferencia que hay es que el primero tiene billete de vuelta y el segundo un espíritu más nómada. Pero lo cierto es que no importa si eres turista o viajero. Últimamente parece que no está muy bien visto eso de ser turista, y se le está dando un matiz peyorativo que no consta en la definición misma de la palabra. Pero esto ya es problema de cada cual. Al fin y al cabo, como constata Paco Nadal en su artículo al respecto, la mayoría de nosotros somos turistas. Y a mucha honra. Me considero privilegiada por el simple hecho de poderme plantear poder salir de mi rutina y conocer mundo. Lo más importante, el quid de la cuestión no es: ¿turista o viajero? sino que, lo de que verdad importa es que seamos respetuosos con lo que vemos y conocemos. Da igual si estamos una semana o un tiempo indeterminado. El respeto es lo primero y fundamental.

En PLAYandTOUR no entendemos la vida sin viajar. ¿Y tú? ¿Eres feliz viajando?

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