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Fast food a la madrileña o por qué el bocata de calamares es típico de Madrid

En Madrid hay ciertos rituales gastronómicos que hay que cumplir, y uno de ellos es, sin duda alguna, comerse un bocata de calamares. Y si puede ser en la Plaza Mayor, mejor que mejor. Pero, ¿por qué es tan popular? ¿Por qué se ha convertido en el tentempié más típico de Madrid? Y, sobre todo, ¿cómo? Al saborear este delicioso manjar me he hecho esta misma pregunta una y otra vez. ¿Cómo es posible que, en una ciudad de interior como Madrid, tan lejos de la costa, lo más típico sea un plato que atribuiríamos fácilmente a una población costera? Qué sé yo, a cualquier pueblecito de la costa andaluza o gallega, por ejemplo. Pero lo cierto es que no, que si quieres degustar un buen bocadillo de calamares tendrás que ir a Madrid. Y si lo que te gustan son las croquetas de bacalao, no hay mejor lugar que Casa Labra, también en Madrid. Pero esto ya te lo contaré en otro post.

He estado indagando un poco en la historia gastronómica madrileña y, a decir verdad, no está muy claro el origen del bocadillo de calamares como tal. Lo que sí que está claro es que la introducción del pescado en la capital viene a raíz de la Contrarreforma, en el siglo XVII. No hay duda de que la tradición católica, que prohibía comer carne en determinadas épocas del año (durante la Cuaresma o en los viernes de vigilia sin ir más lejos), hizo cambiar un poco las prácticas culinarias de la Corte, y, por consiguiente, también las del pueblo llano. Para conciliar con las costumbres católicas se tuvo que dejar de lado el consumo de carne, tan frecuente en la sociedad castiza del siglo XVII, y dar paso a productos como los tubérculos, legumbres, verduras, dulces y, por supuesto, el pescado. Fue así como, a pesar de las dificultades que conllevaba su transporte, el pescado (principalmente besugo, jurel, sardinas o bonito) llegó a la capital desde los principales puertos de las costas del norte de España. Aun así… ni rastro de calamares en los recetarios del siglo XVIII.

Tendremos que avanzar un poco más en la historia para detectar la presencia del calamar en la cocina madrileña. De hecho, nos situamos ya en el siglo XX. Para estos tiempos ya tenemos instaladas en Madrid muchas casas de comidas, mesones y tabernas, en su mayoría regentados por emigrantes andaluces, gallegos o asturianos. En estos locales se tapea, se come y se bebe. Y los madrileños acuden cada vez con más frecuencia a tabernas y casas de comidas del centro de la capital atraídos por los platos elaborados a base de pescado. Y es aquí cuando entra en juego el calamar, ya que era un producto bastante asequible. Más tarde los meseros se dieron cuenta de que al no tener espinas, era perfecto para rebozar, freír y servir acompañado de una buena ración de pan. Además, claro está, el calamar rebozado tenía mucho más éxito. Y fue así como se convirtió en uno de los platos estrella de la cocina madrileña. ¿Y cómo se lo comían? Se solía servir en cucuruchos o en el plato mismo, acompañado de unas buenas rebanadas de pan.

Pero, ¿a quién se le ocurrió la brillante idea de rellenar un bocadillo con calamares fritos? Pues bien, debo confesarte que, a día de hoy, sigue siendo un misterio. De lo que no cabe duda es del boom que vivió este suculento bocado madrileño en los años 60. En la calle Postas, Ciudad Rodrigo y bajo algunos soportales de la Plaza Mayor surgieron establecimientos que conquistaron a los más jóvenes, que acudían en busca del bocata de calamares a todas horas: para almorzar, para acompañar con unas cañitas… Y es que no solo era un apetitoso tentempié, sino que además era una opción barata. De modo que la fama del bocata de calamares madrileño fue creciendo y extendiéndose más allá de las fronteras de la capital.

El bocata de calamares es ya un clásico de la gastronomía madrileña y un imprescindible en toda regla en tu visita a la capital. Bueno, bonito y barato. Así es el fast food más castizo. Un bocadillo que no siempre fue recibido con buenas críticas, al tratarse de un plato de muy poca elaboración y una combinación un tanto peculiar (al fin y al cabo, es un bocadillo de pescado). Ahora bien, hoy en día no hay madrileño que no se sienta orgulloso de su más famoso tentempié, visitante que no se rinda a los pies de este sabroso bocadillo, ni chef que se pueda resistir a un buen bocata de calamares.

¿Quieres saber dónde puedes comerte los mejores bocatas de calamares de Madrid? Estate atento al blog, porque brevemente te desvelaremos los bares y tabernas en los que sirven los mejores bocatas de calamares de la capital.

Dicho esto, solo me queda decir: ¡un hurra por el que inventó el bocata de calamares!

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