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El mundo nace en cada beso

O eso debió pensar Joan Fontcuberta al completar el mural fotomosaico que hoy luce en pleno barrio gótico barcelonés. Ya sabemos que París es la ciudad del amor, pero en Barcelona también se respira amor: un amor más libre, menos romántico quizás; más artístico, pero, al fin y al cabo, amor. Un amor en forma de beso gigante que, a pesar de llevar casi dos años decorando una pared de la plaza Isidre Nonell (se inauguró el 3 de julio de 2014), sigue siendo un desconocido tanto para barceloneses como para turistas.

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Hoy te propongo que te adentres en el barrio gótico de Barcelona y que alejes un pelín tus pasos de la Catedral. Muy cerquita, justo detrás, encontrarás una placita con mucho encanto: la plaza Isidre Nonell. La plaza es muy coqueta, pero lo que le ha dado reconocimiento en estos últimos años no han sido ni las cuatro terrazas que la pueblan, ni los arbolitos que la adornan. Lo que atrae a visitantes, muchas veces de pura casualidad, otras de forma intencionada, es el gran mural fotomosaico que ocupa la pared del fondo de la plaza. Tanto los que se encuentran de sopetón con esta obra de arte como los que andaban buscándola, no pueden evitar soltar un “wow” o contener la respiración por un momento. El mural impresiona. Por su tamaño, por el color, por la sensualidad del beso.

Te recomiendo que primero admires esta obra de arte tomando cierta perspectiva, que es como dicen los expertos que hay que mirar las obras de arte. Lo que verás es una manifestación de amor en toda regla. A simple vista, un mural compuesto por miles de azulejos dibujando unos labios besándose. Pero si te vas acercando observarás que este fotomosaico del artista barcelonés Joan Fontcuberta esconde alguna que otra sorpresa. Para empezar, no son azulejos al uso, sino que se trata de 4.000 fotografías protagonizadas por ciudadanos anónimos de Barcelona. Para ello, el artista abrió una convocatoria pública en la que pedía fotografías que mostraran “un momento de libertad”. El resultado fueron más de 6.000 imágenes, de entre las que seleccionó las 4.000 que forman el mural. El resto ya es pan comido. Un programa informático (por cierto, gratuito y de código abierto) agrupó las fotos por color e intensidad en 80 columnas y 50 filas formando este gran mural de 8 metros de largo y 3,8 metros de alto, o lo que es lo mismo: 30,4 metros cuadrados. El ceramista Toni Cumella hizo el resto. Y… ¡tachán! Tras colocar manualmente uno a uno los azulejos sobre el mural, se descubrió el mayor beso de Barcelona (y, probablemente, de España). Un beso a prueba de grafitis y tempestades.

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No pierdas la oportunidad de chafardear un poco entre las fotos; quién sabe si entre tanta foto reconoces una cara conocida. Las casualidades existen, solo es cuestión de armarse de paciencia y ser muy observador.

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Y, por último, un consejito del PAT team: sé original y hazte una foto con este mural. Este fotomosaico da mucho juego, así que no te cortes y hazte un selfie, una foto bien romanticona, una declaración de amor o un alarde de la amistad. Cualquier foto quedará estupenda con un fondo de esta categoría. Y luego compártela con tus seguidores en Instagram o guárdala en tu álbum como recuerdo de tu paso por Barcelona.

Un beso y… ¡a descubrir mundo!

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