Nueva York, Viajar

El Puente de Brooklyn, una visita esencial en tu viaje a Nueva York

Sin ninguna duda, el Puente de Brooklyn es uno de los grandes símbolos de Nueva York y, además, de los más emblemáticos del mundo.

Tras su inauguración, el Puente de Brooklyn fue bautizado por muchos  como “la octava maravilla del mundo”; una maravilla que logró alcanzar grandes hitos: ser uno de los primeros puentes colgantes del mundo, ser el primero suspendido mediante cables de acero y ser el más largo y más alto del siglo XIX.

Por todo eso y, además, por haber salido en infinidad de películas, has de pasear por este puente. Sí, poco menos de 2 kilómetros apasionantes, especialmente por sus vistas. Además, es una visita gratuita 😉

El Puente de Brooklyn, im-per-di-ble

Para disfrutar de él y de las increíbles vistas que ofrece, te recomendamos recorrerlo a pie a través de pasarela peatonal y partiendo desde Brooklyn (dirígete la parada de metro High St, por ejemplo). De este modo, mientras cruzas el puente podrás admirar una espectacular panorámica de Manhattan, con sus rascacielos acercándose a ti. Una advertencia: asegúrate de no invadir distraídamente el carril bici, porque los ciclistas circulan bien rápido y sin demasiadas contemplaciones. Viene a ser que están hartitos de los turistas distraídos.

El Puente de Broolkyn fotografiado por Vanesa Venegas, amiga y viajera empedernida

Además, sería interesante que hagas alguna fotografía del puente desde el Brooklyn Bridge Park, situado entre el Brooklyn Bridge y el Manhattan Bridge. Otra opción también interesante, y más típica, es pasear por el mismo Brooklyn Bridge Park, pero por el otro lado y, además, estaría genial comer o cenar en The River Café, con unas vistas bestiales del skyline de Manhattan. Evidentemente, de este lado del parque hay muchas más opciones para tomarte un helado, un café o cenar (especialmente en verano). Aunque siempre puedes pasear por ambos y hasta por debajo del puente. Los verdaderos amantes de la fotografía te dirían: muévete.

Lo que no haría es quedarte únicamente en la parte de Manhattan y fotografiar el puente desde allí, el skyline de Brooklyn no puede competir con el de Manhattan, evidentemente. De todas formas, tampoco debes perderte pasear por esta zona. Es el South Street Seaport, el puerto de Lower Manhattan, donde encontrarás tiendas, restaurantes y un ambiente muy animado. Otro lugar esencial de Nueva York del que pronto hablaremos en el blog. ¡Hay tanto que hacer en NY!

La historia del Puente de Brooklyn empieza una fría mañana de 1852, cuando el ingeniero y propietario de una compañía metalúrgica, John Augustus Roebling, intentó llegar a Brooklyn en ferry pero se encontró con las líneas cerradas a causa de una helada sobre el río Este. En ese momento le surgió la idea de crear un puente que uniese la isla de Manhattan con la ciudad de Brooklyn, por aquel entonces una ciudad independiente. Y desde ese mismo día, Roebling destinó el resto de su vida a planificar, reunir fondos y construir este magnífico puente. La idea fue recibida con gran entusiasmo por las autoridades de ambos lados del puente, pero el respaldo económico tuvo que llegar, inicialmente, de manos privadas. No fue hasta el año 1867, con la creación de la New York Bridge Company fundada para administrar los fondos públicos de las ciudades de Nueva York y Brooklyn para la construcción y mantenimiento del puente.

Así, el 1 de Junio de 1869, se aprobó el diseño pero esta buena noticia se vio empañada, pocos días después, por un triste accidente que sufrió Roebling: un transbordador le aplastó el pie mientras trabajaba en el muelle y, dos años más tarde, la gangrena contraída le llevó a la muerte. Tomó el relevo su hijo Washington quien, desgraciadamente, también sufrió numerosas enfermedades durante el proceso. Y es que la construcción del puente resultó ser una labor realmente peligrosa, en la que perdieron la vida 27 personas. Muchas trabajaban bajo el agua construyendo los cimientos del puente y murieron como consecuencia de los efectos nocivos producidos por la presión.

El propio Washington quedó invalido a causa de ello y tuvo que dirigir la obras a través de la ventana de su apartamento en Brooklyn, con la ayuda de su mujer Emily, quien daba las órdenes pertinentes a ingenieros y constructores. Y no solo tuvo el privilegio de supervisar la evolución en la obra; también tuvo el honor de ser la primera en cruzarlo, el día de su inauguración 🙂

Esto sucedió el 24 de mayo de 1883; un día memorable para Nueva Yorky para Brooklyn, durante el cual pasaron por el puente 1.800 vehículos y 150.000 personas. El peaje para cruzarlo se estableció en un penique.

Habían transcurrido trece años desde el primer día en que empezó a hacerse realidad el sueño de John Augustus Roebling, pero la larga espera había merecido la pena: el Brooklyn Bridge era el primer puente en utilizar el acero en su construcción y, durante 20 años, fue el puente colgante más largo del mundo, exactamente 6016 pies o 1.833 metros de longitud total.

Y más datos: el tramo principal del puente que une los dos pilares, tiene una longitud de 486 metros y una anchura de 26 metros. Sus imponentes torres de estilo gótico se alzan 84 metros sobre el nivel del agua, y son 40 los metros que separan la calzada del río. Los cuatro cables de acero encargados de sujetar la plataforma del puente, unen las torres de anclaje en cada orilla del río con los pilares. Cada cable tiene un diámetro de 40 centímetros y está compuesto por 19 hilos de acero. Hasta este momento, el cable de acero sólo se había empleado en la construcción de ferrocarriles, pero no en estructuras como la de los puentes y són aproximadamente 23.000 kilómetros de cables en suspensión que sujetan el puente.

Una de las fotos más típicas del Puente de Brooklyn, con la bandera estadounidense incluída

Es por todo esto que el Brooklyn Bridge se convirtió en la obra monumental que es. Y por cierto, tan monumental como el coste total de su construcción: más de 15 millones de dólares, el doble del presupuesto inicial.

Lamentablemente, seis meses después de su inauguración se produjo la tragedia. Una mujer que subía las escaleras de acceso por la parte de Manhattan, tropezó y gritó al caer. La gente que en aquel momento transitaba por el puente, creyó que este se hundía y el temor desencadenó una oleada de pánico que acabó con la vida de 12 personas y con otras 35 heridas graves. La desconfianza hacia la resistencia del puente quedó superada un año más tarde, cuando el empresario circense Barnum desfiló por el puente junto a una manada de 21 elefantes. Me hubiera gustado verlo 🙂

Y poco queda por decir de este emblemático puente, escenario de infinidad de películas, series, cómics y vídeojuegos. Lo habrás visto destruido por meteoritos, aplastado por monstruos marinos, usado como vía de evacuación de toda una ciudad o como telón de fondo en infinidad de escenas. Un largo currículum que seguro querrían tener muchas estrellas de Hollywood y es que esta maravilla de puente se lo merece.

Solo un último detalle: si te ha gustado de día, atrévete a venir a fotografiarlo al atardecer y, si puedes, de noche, ¡Una postal!

El skyline de Manhattan con el Puente de Brooklyn iluminado, genial

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2 Comments

  1. PLAYandTOUR aterriza en la Gran Manzana – Más que souvenirs

    July 26, 2016 at 2:38 pm

    […] mismo 2016. Y por supuesto, no faltan los clásicos: Central Park, la Estatua de la Libertad, el Puente de Brooklyn y una descripción de los barrios más destacados (Chinatown, SoHo, Little […]

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