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La poco visitada Ágora Romana y su impresionante Torre de los Vientos, Atenas

Si bien el Ágora Griega, una de las atracciones principales de Atenas, estaba dedicada al cultivo de las Humanidades y era símbolo de la activa vida cultural de la ciudad, el Ágora Romana, posterior, velaba por cuestiones más prácticas. Y es que, como es bien sabido sobre la Antigüedad, los romanos fueron una civilización menos espiritual y mucho más pragmática que la de los helenos.

Para entrar a este recinto y visitar sus ruinas es necesario pagar 12 € de entrada, y aunque, no lo vamos a negar, arqueológicamente es más pequeña y menos interesante que el Ágora Griega, el lugar contiene un par de vestigios arquitectónicos interesantes que, si tu visita a Atenas es de más de dos días, bien vale la pena visitar. Por cierto, solo por la mañana, ya que abren a diario de 8:30h a 15h.


Ver Ágora Romana y la Torre de los Vientos en un mapa más grande

Llegar hasta aquí es fácil. Está cerca de la parada de metro Monastiraki, líneas 1 y 3. Pero bueno, lo cierto es que puedes ir caminando. Sí, está a unos 800 metros de la Acrópolis, por ejemplo. De hecho, una foto con estas ruinas y la Acrópolis de fondo es un must de esta visita 😉

Probablemente esta toma sea la más típica desde el Ágora Romana. Qué curioso que se vuelva a ensalzar la Acrópolis, ¿verdad?

Las ruinas del Ágora Romana apenas levantan dos palmos del suelo y los gatos pululan entre los tambores que quedan en pie de las múltiples columnas jónicas que porticaban este inmenso patio de 112 metros de largo por 96 metros de ancho. En esta plaza, la actividad comercial bullía en el siglo I a.J.C. y el intercambio de productos locales y de otros llegados desde todos los rincones del imperio marcaban el ritmo del Ágora y de su entorno. Hoy, conociendo el ajetreado pasado de este lugar, que también fue utilizado como mercado de trigo durante la dominación otomana, cuesta creer que el silencio reine entre estas ruinas.

A esta plaza ribeteada, probablemente, de oficinas y tiendas, se accedía a través de dos propileos construidos en mármol pentélico entre los años 12 y 2 a.J.C. Uno de ellos, el occidental, contaba con cuatro columnas que soportaban la monumental puerta de Atenea Archegetis, que significa “la que gobierna”.

Imagínate si acudía gente a este lugar que se han encontrado restos de las letrinas públicas de mármol en el recinto ¡con capacidad para 70 personas! ¿Conoces algún lugar público en la actualidad con tal cantidad de servicios?

De lo que queda en pie, lo más impresionante y mejor conservado es la Torre de los Vientos.

La Torre de los Vientos en el Ágora Romana de Atenas

Levantada en el año 40 a.J.C., esta original torre octogonal se encontraba coronada, en la Antigüedad, por una veleta que marcaba la dirección del viento. Se atribuye su construcción, también realizada en mármol pentélico, al arquitecto y astrónomo Andronicos Kyrrestes. La torre tiene más de 12 metros de altura y casi 7 de diámetro, y está cubierta, en lo alto, por una estructura piramidal.

La Torre de los Vientos estaba concebida para albergar no solo un reloj de sol, sino también uno hidráulico, que se accionaba mediante un arroyo llamado Clepsidro, nombre que, desde entonces, se utilizó para denominar comúnmente a los relojes de agua. ¿Relojes de agua? Sí, eran utilizados especialmente de noche, cuando no brillaba el sol.

Si tecnológicamente hablando la torre es una pieza más que interesante, el arquitecto dispuso unos frisos en las ocho caras de la torre, decorados con los relieves de los ocho dioses de los vientos, cada uno de ellos identificado con su nombre en griego, y realizando una acción distinta. Así, con el zoom de tu cámara podrás identificar, si algo sabes de mitología y meteorología, a Céfiro, el viento del oeste, esparciendo flores; o a Bóreas, viento del norte, soplando en el interior de una concha. Esquirón, Lips, Noto, Euros, Apeliotes y Kaikias son los seis dioses restantes también representados en los frisos.

Detalle de la Torre de los Vientos. ¿Te atreves a decir a quién representa este friso?

Y un último consejo práctico: si has tenido suficiente con las ruinas de la Acrópolis y no estás interesado en visitar los restos arqueológicos de este ágora, no es necesario que abones la entrada, puesto que para admirar la belleza de la Torre de los Vientos no hace falta entrar en el recinto. Basta que e sitúes donde he puesto el pincho azul 🙂

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