Berlín, Viajar

El salto de Hans Conrad Schumann

Ya hace tiempo que habíamos prometido profundizar un poco más en la figura de Hans Conrad Schumann, ¿os acordáis del post sobre el Checkpoint Charlie de Berlín?

Hans Conrad Schumann fue simplemente un soldado. Pero las casualidades de la vida y su valentía lo convirtieron en un icono. Y, de alguna forma, Hans Conrad Schumann pasó a ser un elemento de marketing del capitalismo hasta el día de su triste muerte, suicidado.

Este chico nació en 1942 en Luetewitzh, a poco más de 20 kilómetros de Riesa, y pronto fue soldado en el Ejército Popular Nacional de la República Democrática Alemana -el lado comunista, vamos-. Se entrenó en Dresde, fue a Potsdam y luego estuvo de voluntario en Berlín.

Fue precisamente allí, en Berlín, donde dio el salto que cambió su vida. ¿Os acordáis de esta imagen?

Sin duda, habrás visto esta fotografía un montón de veces en tu vida. Pero, ¿no hay otro fotógrafo delante? ¿Pudo captar alguna imagen diferente? ¿O acaso fue quien grabó el video? ¿Estaba todo preparado o fue casualidad?

Fue el 15 de agosto de 1961 cuando Hans Conrad Schumann estaba de guardia en el Muro de Berlín y, como apenas había comenzado su obra, decidió correr unos pocos metros, saltar una pequeña alambrada y llegar así al lado capitalista para subirse rápidamente a un coche de policía de la República Federal Alemana.

Para muchos, el salto a la libertad más famoso de la historia.

Hasta aquí, sorprendente. Pero aparentemente tampoco tanto. ¿Por qué tanto revuelo con Hans Conrad Schumann? Para mí, el tema crucial no fue tanto el ser el primer desertor de la RDA que saltó el muro -que lo es- sino que Peter Leibing estaba allí para retratarlo.

¿Quién? Peter Leibing era un fotógrafo de la agencia Contiepress de Hamburgo y, no se sabe muy bien cómo, le habían informado que un soldado de la RDA podría saltar la alambrada justo el tercer día de su construcción. Y, claro, frente a tal primicia, Peter Leibing estuvo apostado allí hasta que eso sucedió. Y ¡click!

¿El resultado? Una fotografía que se convirtió rápidamente en un icono de la Guerra Fría y, evidentemente, además de recibir algún que otro premio, llegó a ser un elemento de marketing que el capitalismo ha utilizado hasta la saciedad para demostrar sus valores.

Tanto fue así que, paradójicamente, el pobre Hans Conrad Schumann vivió su vida atormentado. Se estableció en la Baviera y, aunque allí conoció a su mujer, dicen que nunca llegó a quitarse el sambenito de encima. De hecho aunque llegó a declarar que “… solo desde el 9 de noviembre de 1989 me he sentido realmente libre…” en relación al día de la caída del muro, lo cierto es que la relación con sus familiares y amigos nunca se recuperó. Una pena. El hombre se vio superado por el icono que el sistema creó. Tanto fue así que acabó por ahorcarse en 1998.

Su imagen ha dado la vuelta al mundo mil veces. Y sigue. Sin duda, es una de esas fotos que han escrito nuestra historia más reciente que aparecerá en los libros de texto de los estudiantes por siempre. Es como aquella fotografía de 1994 del niño sudanés que está en los huesos y el buitre está esperando, es como aquella foto de 1989 de aquel señor que se puso frente a una fila de tanques en los días de protesta de la Plaza Tiananmen, es como aquella foto de 1936 de Robert Capa en que se ve el momento exacto de la muerte de un soldado y es como otras tantas fotografías más que han venido escribiendo nuestra historia. Al menos, la historia que nos cuentan los que ganan las batallas.

Sea como fuere, incluso hoy puedes encontrar camisetas con la silueta de Hans Conrad Schumann saltando la alambrada, pinturas en las calles y, evidentemente, hasta una escultura llamada Mauerspringer -que viene a ser algo así como “saltador del muro”- en la calle Bernauer de Berlín. Y es que, de hecho, el salto de Hans Conrad Schumann fue dado en esta calle con la de Rupinner.

Y, para acabar, un dato tan curioso como significativo. ¿Sabías que esta fotografía pasó a ser libre en mayo del 2011 al entrar en el Programa Memoria del Mundo de la UNESCO? Sí, como parte de la colección de documentos de la caída del Muro de Berlín. Lo dicho: pura historia.

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3 Comments

  1. Crítica ‘Por lo que pueda pasar’ [Excómunion] | ROCKTÁMBULO

    August 18, 2016 at 4:16 pm

    […] Las olas del mar nos llevan al tercer corte, Por lo que pueda pasar. Le sigue un acústico breve que marca el in crescendo de la canción y que nos lleva a un final arriba. En sí, una representación de viaje por el que nos lleva el grupo: de la calma al más absoluto y desalentador caos. La batería golpea rápido y las cuerdas le van a la zaga -mucho más de lo que cabría esperar de un grupo folk-, pero lo que realmente le da un tono especial, de herida punzante que se dilata en el tiempo, es el violín. Los fragmentos en que éste se desenvuelve con soltura resultan tan sugerentes como evocadores. La pista da nombre al disco e inspira la ilustración de la portada (María Picassó). En ella, un emigrante atraviesa un desierto lleno de concertinas. Cabe señalar que tiene como referencia y punto de partida el salto de Hans Conrad Schumann. […]

  2. fernando luna ramirez

    September 5, 2013 at 10:40 pm

    la foto de conrad schumann es un ejemplo de como un hombre da tan solo un paso a la libertad, y hay hombres que no son capaces de dar parar guerras, por la ambicion de pasar a la historia estupidamente

  3. Sonia Ibáñez Ochoa

    July 10, 2013 at 7:54 am

    Es difícil encontrar blogs tan completos. Felicidades.

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