Marrakech, Viajar

El Palacio El-Badí, una de las antiguas maravillas del mundo musulmán

Influenciado por la Alhambra, el Palacio El-Badí de Marrakech fue edificado por orden de Ahmed al-mansur “el dorado”, y contemporáneo de Felipe II, tras vencer a los portugueses en la batalla de los Tres Reyes el 4 de agosto de 1578. Así, tras 25 años de esfuerzo y la participación de obreros del Magreb y de Europa, este fastuoso palacio se convirtió en toda una joya que ha perdurado en el tiempo.

De hecho, cuenta la leyenda que cuando estuvo terminado, Ahmed preguntó a su bufón -según otras leyendas al visionario de la corte- qué opinaba del Palacio a lo que este contestó que, cuando fuera demolido, formaría un gran montón de bonitas ruinas. Y así ha sido. La historia tiene esos caprichos.

Mármol italiano, ónice de la India, granito irlandés, revestimientos en oro, mas de 300 habitaciones… Según las crónicas y relatos de embajadores y demás invitados de la realeza, era el más sublime demostración de la elegancia exquisita de los saadíes. Declarada descendiente de Mahoma, la Dinastía Saadí comenzó en 1554 con el reinado del Sultán Mohanned Ash-Sheikh y finalizó en 1659 tras el reinado del Sultán Áhmad el-Abbás.

Y es que el Palacio el-Badí fue considerado como una maravilla del mundo musulmán hasta que casi un siglo más tarde, en 1683, y durante el reinado de Mulay Ismail, el palacio fuera saqueado y demolido y sus riquezas trasladadas a su propia ciudad imperial, Mequinez.

Palacio El-Badí, Marrakech

En la actualidad, de este colosal palacio, solo subsisten muros fragmentados de ladrillos de barro que albergan nidos de cigüeñas. Una verdadera lástima. Aún así, os aseguro que resulta muy interesante su visita.

En el centro del patio se distinguen los muros que dividían cuatro pabellones espectaculares, en los que había estanques y fuentes. Al otro lado del patio, hay una sala abovedada con zócalos y estucos encontrados entre las ruinas. Orientándote hacia el oeste, podrás intuir aquello que en tiempos pasados fue el pabellón de las cincuenta columnas, el cual aún conserva el mosaico del suelo. De las paredes y techos decorados con mármol italiano e incrustaciones de oro, en la actualidad apenas subsiste algún mosaico. El complejo es una absoluta maravilla a la que, evidentemente, deberás echarle mucha imaginación. Es como cuando visitas el Circo Massimo de Roma, que hoy apenas es una esplanada donde la gente va a hacer tai-chi y pasear los perros pero antanño albergaba las más trepidantes carreras de cuádrigas.

La entrada apenas te costará 10 dirhams si visitas el palacio -poco menos de 1 euro- y 20 -menos de 2 euros– si también visitas el minbar. Así que no te resistas y visítalo.

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