Lisboa, Viajar

El célebre Monumento a los Descubrimientos, imprescindible en tu visita a Lisboa

Aunque el colosal Monumento a los Descubrimientos no es del agrado de todos los lisboetas, es cierto que el Padrão dos Descobrimentos -como es conocido en portugués- constituye uno de los principales lugares de visita en el barrio de Belém, junto a la Torre de Bélem, el Mosterio dos Jerónimos y el Palacio Nacional da Ajuda, entre otros.

El Monumento a los Descubrimientos. Colosal, y para muchos, descomunal. Sea como fuere, no te deja indiferente.

Para muchos, una obra de reminiscencias comunista -por su descomunal tamaño de 52 metros de altura- y para otros, una obra sosa -por ser de hormigón y hormigón-, el Monumento a los Descubrimientos es terriblemente fotogénico, especialmente a la caída del sol.

El barrio de Bélem evoca la edad de oro portuguesa, en la que los navegantes y los grandes conquistadores se hacían a la mar en busca de nuevas tierras. Por ese motivo, podemos decir que el Monumento a los Descubrimientos se encuentra omo pez en el agua, claro.

El monumento se instaló en 1960 en conmemoración de la muerte de Enrique el Navegante -500 años-, el primer y notable explorador portugués. En los 60 Portugal se encontraba en plena dictadura de Salazar quien, como defensor de la política colonialista, durante su régimen llevó a cabo una campaña de glorificación de los grandes navegantes y descubridores de la historia portuguesa.

Flanco este del Monumento a los Descubridores

El Monumento a los Descubrimientos muestra la proa de la carabela, con el escudo de Portugal en ambos flancos y, sobre la puerta, mirando tierra adentro, una gigantesca representación de la espada de la casa real de Avis.  De pie, en el extremo de la proa, se encuentra la enorme figura del principal homenajeado, Enrique el Navegante. El explorador lleva una pequeña carabela en una de sus manos y encabeza las figuras de otros marinos, reyes mecenas y exploradores, que se organizan en dos filas que descienden a lado y lado del monumento.

A continuación de Enrique el Navegante, en el lado Este del monumento, podrás ver al rey Alfonso V, quien patrocinó a los primeros exploradores, al mítico Vasco da Gama, quien abrió ruta hacia la India, al descubridor de Brasil Pedro Álvares Cabral, o al afamado navegante Fernando de Magallanes, el primer europeo en pasar del Océano Atlántico al Pacífico.

Flanco oeste del Monumento a los Descubridores

En el flanco oeste, Enrique el Navegante viene seguido inmediatamente por Manuel I, apodado “El Afortunado” por los grandes logros durante su reinado, ya que descubrió, entre otras cosas, la ruta atlántica hacia las Indias. A continuación el poeta Luis de Camões, el pintor Nuno Gonçalves con su paleta, representantes del clero, cartógrafos, nobles con peinados a lo Cristóbal Colón y famosos generales.

Si te apasionan las vistas, te recomendamos subir hasta el mirador del séptimo piso -por 2,50€ el adulto-, al que se accede mediante un ascensor en el interior del monumento. Desde allí, la panorámica sobre el barrio de Belém, las montañas cercanas y el río Tajo es espléndida. Además, desde rriba podrás contemplar y apreciar la plaza que queda debajo del monumento, en el lado norte. Sobre el suelo, verás el dibujo de una enorme brújula de 50 metros de diámetro con el trazado de las rutas de los descubridores durante los siglos XV y XVI. Magallanes, Vasco de Gama, Pedro Álvares Cabral… ¿Qué hubiera sido del mundo sin ellos?

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