París, Viajar

Léon Dutilleul, el hombre que atravesaba las paredes

La ciudad de París está repleta de rincones con historias relacionadas con creadores que habían nacido o residido en la ciudad: fotógrafos, pintores, escritores… Y es que París siempre ha sido un imán para todos ellos, especialmente el barrio de Montmartre, ¿verdad? ¿Recordáis la propuesta de recorrido a pie por Montmartre que os dimos? ¿Y la ruta Amélie?

En esta ocasión, quiero hablaros de una plaza que suele pasar bastante desapercibida: la Place Marcel Aymé. Bueno, pasa desapercibida si no conocemos la historia que hay tras ella. Os aseguro que, a menudo, son estos detalles los que nos ayudan a multiplicar el disfrute del turisteo, ¿no os parece?

Os cuento: Marcel Aymé, nacido a principios del siglo XX en la Borgoña francesa, fue un narrador exquisito y en sus novelas, cuentos, obras de teatro y colaboraciones en películas de cine podemos apreciar sus diferentes facetas. La verdad es que apenas he leído algunos de sus cuentos: breves, cuotidianos, simples, irónicos e incluso cínicos. Pero he de reconocer que son de esas lecturas que, incluso con los años, no se olvidan, no. Recuerdo en concreto sus Cuentos del gato encaramado donde hombres y animales charlaban de mil y un temas como si eso fuera lo más normal del mundo.

Pues bien, ¿por qué os cuento todo esto? Porque Marcel Aymé vivía justo aquí. Por eso, se decidió instalar esta escultura, justo al pie del edificio de su residencia en París.

¿Y qué representa esta escultura?

Fue el 1943 cuando sorprendió con un relato llamado El pasa-murallas. Trataba sobre un hombre llamado Léon Dutilleul que, aunque había destacado como estudiante, acabó teniendo un trabajo como funcionario: aburrido, monótono y gris. Y al preguntarle el por qué, él mismo decía que cada vez que había intentado algo en la vida, una muralla le había impedido conseguirlo. Pero era un buen tipo. Por eso, Dios decide premiarle. Y un día se despierta con el don de poder atravesar las paredes. Al principio, alucina. Pero con los días -y con todo lo que le pasa-, prefiere volver a ser un tipo ordinario. El resto de la historia no te la cuento, pero te aseguro que es bastante cínica. Robos, cárcel, prostitución… Pasa de todo.

Ahora que sabéis esto, ¿verdad que se ve la escultura con otros ojos?

Y, por cierto, Marcel Aymé falleció en 1967 y está enterrado cerquita de aquí, en el cementerio Sanit-Vincent de Montmartre, uno de los tres cementerios del barrio, que cuenta con bastantes más personalidades. No os lo perdáis.

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1 Comment

  1. Alejandra Rosales

    October 2, 2016 at 7:02 pm

    Necesito tu apellido para un trabajo escolar.

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