Mónaco, Niza, Viajar

Vacaciones de verano en La Costa Azul (II)

Viene de la parte I del post

Día 5 – Niza – Mónaco – Montecarlo – Le Turbie – Niza
Una de nuestras primeras paradas imprescindibles en el viaje: Mónaco y Montecarlo. Hacía mucho tiempo que le teníamos ganas al Principado y no nos decepcionó.

Ni que decir tiene que el lujo que se puede encontrar en ese pequeño país es escandaloso 🙂

Nuestra primera parada después de aparcar el coche fue el mítico Café de París, donde tomamos dos cafés y un croissant por “tan sólo” 16 euros. Vale la pena sólo por estar sentado en un lugar tan precioso y lleno de magia y ver pasar los Rolls, Aston Martins, Porsches, Audis y Ferraris que lucen palmito delante del Casino de Montecarlo.

Seguramente habréis visto fotos del Casino en cuestión. Da igual, hay que verlo. Es una construcción impresionante, tanto por la parte de la fachada como por la parte trasera, rodeada por jardines y donde también puede verse la Salle Garnier.

Nos pegamos un pateón larguísimo para llegar hasta el Palacio de los Grimaldi, residencia de la Familia Real Monegasca, cuya visita nos dejó impresionados. No puede contarse con palabras, ni con fotos (están prohibidas). Hay que verlo para poder admirar tanto su construcción, como las distintas salas, repletas de muebles de distintas épocas. Increíble.

Vista de Mónaco desde el camino que sube hasta el Palacio Grimaldi

Guardia en el Palacio de los Grimaldi

Catedral de Mónaco

Después de recorrer la Place du Palais, sus calles y ver la mítica Catedral de Mónaco, acabamos comiendo la mejor hamburguesa de la historia y enfilamos hacia Le Turbie, pueblo de montaña que ofrece una espectacular vista del Principado.
No me extenderé en la descripción, aquí tenéis la foto.
Por cierto, una botella de agua de litro y medio en un bar del pueblo: 4,50 euros. Eso sí, el pueblo, 100% romano y precioso.

Vista de Mónaco desde Le Turbie

Día 6 – Niza – Cannes – Antibes – Niza
Otro sitio al que le teníamos muchísimas ganas: Cannes. Pero no es oro todo lo que reluce ya que, siendo sinceros, era como Salou pero con dinero.
Estoy seguro de que, en época del festival, el glamour invade la ciudad. Pero lo que es en verano…
Lo peor es que ni pagando te dejen estirarte en una tumbona de las playas privadas porque, según ellos, “están todas reservadas”. Cuando miras las tumbonas, efectivamente, no hay nadie. En fin…

Por suerte, salimos relativamente pronto de Cannes para irnos a el Cabo de Antibes que resultó ser uno de los parajes más preciosos en los que hemos estado. Vegetación cuidada al extremo, playas de aguas cristalinas y villas in-men-sas.

Día 7 – Niza – Antibes – Niza
Nuestro séptimo día estaba reservado para Ventimiglia, pero Antibes nos cautivó tanto que decidimos pasar el día en el pueblo y en una de sus playas. A destacar: el mercado provenzal y el puerto con todos los yates de millonarios aparcados. Un auténtico desfile de pasta.

Antibes

Jornada de recargar pilas para lo que nos esperaba al día siguiente: la cuna del glamour, Saint Tropez.

Día 8 – Niza – Saint Tropez
Otra decepción.
Sí, Saint Tropez es glamouroso a más no poder. Hay más dinero que gente. Hay yates aparcados por todo el puerto, algunos incluso con alfombra e interfono para entrar. Sí, los taxis del pueblo son Audi Q7 y, sí, es un parque temático de tiendas caras (algunas con seguridad en la puerta como la de Chanel). Pero, como pueblo, 0 encanto.

Suponemos que si vas allí con mucho dinero, debes ver un sitio totalmente distinto. No era el caso y tampoco nos acabaron de gustar las playas públicas, que estaban algo sucias. A las playas privadas no quisimos ni acceder, dado que uno no está acostumbrado a pagar entre 20 y 30 euros sólo por estar en una tumbona. Pasando.

El acceso al pueblo es de los peores planteados de toda la historia de los accesos. ¿Cómo puedes poner un carril de ida y otro de vuelta y decenas de rotondas? Por lo menos vimos unos 20km de cola y tardamos una hora en llegar/salir de Saint Tropez pasando por Saint Raphael.

Eso sí, salimos a ver la noche de Saint Tropez y era tal cuál la esperábamos. Dinero, dinero, dinero. Señores mayores acompañados por chicas que podían ser sus nietas. Yates de tres pisos. Ferraris desfilando por calles estrechas por las que dudosamente podrían pasar, champagne francés para compañar las cenas, etc.

Optamos por tomarnos unas copas de vino a un precio extrañamente orbitado (6 euros cada una) e irnos al hotel La Bastide d’Antoine que, además de ser chulísimo, tenía una cama en la que ya nos apetecía dormir.

Día 9 – Saint Tropez – Aix en Provence – Puigcerdà
Inicialmente nos habíamos planteado pasar el día en Saint Tropez, pero el precio de las playas, como ya hemos comentado, era prohibitivo.
Así que decidimos irnos hacia nuestra siguiente parada: Montpellier.
Pero, como siempre, cambio de planes: paramos en Aix en Provence a comer y a hacer una pequeñísima visita.

Como estábamos cansadísimos de los días previos, decidimos pasar de Montpellier y perder (pagando) la reserva del hotel, para acabar en casita, 500 kilómetros y 8 horas después.

En resumen: ¡Un viaje estupendo! 🙂

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