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Sube y baja a Toulouse

Lo mejor de los planes es improvisarlos y, vete a saber cómo, enfilamos la carretera desde la frontera de Catalunya con Francia hacia Toulouse para hacer aquello que se llama “un sube y baja”.

El tiempo, para ser sinceros, fue bastante horrible. Lluvia, lluvia y más lluvia durante 160 kilómetros y ¡sorpresa! esta (casi) se terminó al empezar a recorrer la ciudad. Aparcamos el coche cerca de la catedral de Saint-Étienne y empezamos a patear.

Catedral de Saint-George, Rue de Languedoc, Église Notre-Dame de la Dalbade, Square Boulingrin, Jardins Royal, Pont Saint Michel… hasta llegar a una plaza con una marabunta de gente que nos hizo preguntar qué estaba pasando. Fácil.
Fue divertido ver la afición de la gente por el rugby, pues coincidimos con el final de la liga francesa de este deporte y centenares de aficionados salieron a la calle para ver en pantallas gigantes como su equipo, el Toulouse, conseguía su 18º título de campeón contra Montpellier.

La verdad es que no nos movimos del radio de 5km, pero fue suficiente para hacernos la idea de que hay que volver y ver esta ciudad con calma.
Lo que me quedó claro es que ya no tengo edad para andar tanto. La moto me ha acostumbrado muy mal. Además, viajar con perro te asegura que cualquier caminata es el doble de larga (hay que oler cada rincón de la nueva ciudad…)

Al final, nos llevamos como premio tres vinos franceses que iremos degustando esta semana 🙂

El próximo fin de semana, intentaremos hacer otro sube y baja (ya menos improvisado) a Carcassonne para hacer un poco de turismo de castillos.

¡Ah! y las fotos todavía están en el iphone, es lo que tiene improvisar, que te dejas la cámara 😉

Foto de Wikimedia

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